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Informacion para la comunidad - Rosácea

Rosácea: que sabemos de ella

Ramon Fernandez Bussy (h), Ramon A. Fernandez Bussy

Médicos dermatólogos.


La rosácea afecta con más frecuencia a las mujeres que a los hombres y es particularmente común en las personas de piel clara de origen celta. Su prevalencia en la población oscila entre menos del 1% y el 22% y la podríamos definir como  una enfermedad inflamatoria y crónica de la piel de la cara.

La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de la unidad pilosebacea que se desarrolla básicamente en la cara. Afecta la piel y a veces los ojos. Se manifiesta con la aparición de granos o pápulas “coloradas” que aparecen en las mejillas y nariz más frecuentemente. Cuando se hace presente, produce  un aumento de la reactividad vascular capilar al calor, haciendo que se produzca  en la piel un eritema persistente (cara colorada) dejando como secuelas pequeños capilares  o vasitos dilatados llamadas telangiectasias que hacen que frente a cualquier fuente de calor (ducha de agua caliente o ambientes calefaccionadas)  la cara se ponga más rubicunda.  Se desconoce su origen, se han señalado numerosas causas como inductoras de la enfermedad o contribuyentes a sus manifestaciones clínicas pero pocas han sido comprobadas fehacientemente aunque la predisposición familiar y los estados de ánimos contribuyen a su aparición o brotes.   Predomina en individuos entre 30 y 50 años de piel, cabello y ojos claros, por eso es que es sumamente extraño que un adolescente tenga rosácea pero si suele haber familiares con la misma patología. El dermatólogo a través de examen físico y el interrogatorio llega al diagnóstico y luego indica el tratamiento dependiendo el tipo de rosácea que presente el paciente. La rosácea tiene un amplio espectro de presentaciones clínicas que pueden variar con el tiempo y la edad. Se describen cinco formas: telangiectásica, pápulopustulosa,  granulomatosa, ocular  y rinofima. Los primeros signos clínicos de la rosácea son enrojecimiento y dilatación vascular en la nariz, mejillas y frente. En un grado más avanzado se describen lesiones inflamatorias. Los ojos también pueden estar afectados, los enfermos suelen sentir ardor, resecamiento y sensación de picazón y lagrimeo, mostrándose enrojecidos y refieren siempre  la sensación de tener arena en los ojos. En ocasiones, solo consultan por los síntomas oculares donde su consulta es con el oftalmólogo quien conoce muy bien esta enfermedad, pero la mayoría de las ocasiones, padecen compromiso de la piel y ojos al mismo tiempo. Los signos y síntomas de la rosácea los podemos resumir de la siguiente manera:

  • Enrojecimiento facial. Es a veces el primer síntoma que ocasiona la consulta al dermatólogo y se manifiesta por un enrojecimiento persistente de la parte central del rostro. Los delgados vasos sanguíneos de la nariz y la mejilla a menudo se hinchan y se vuelven visibles, más cuando están expuestos cerca de fuentes de calor (duchas, calefactores, hornos, etc)

  • Lesiones de aspecto acneico (granos). Muchas personas que tienen rosácea también presentan granos en la cara que lucen como acné y en ocasiones con pus.

  • Irritacion en la vista Alrededor de la mitad de las personas que tienen rosácea también sufren de ojo seco e irritado, y párpados inflamados y enrojecidos. En algunas personas, los síntomas de rosácea ocular preceden a los síntomas en la piel. Se dice que cuando hay compromiso ocular y gastritis en el paciente puede estar asociado a un bacteria que se llama Helicobacter piloris

  • Engrosamiento y agrandamiento de la nariz (hipertrofia nasal). En raras ocasiones, la rosácea puede engrosar la piel de la nariz y hacer que esta tenga aspecto bulboso (rinofima), siendo esto más frecuente en los hombres que en las mujeres

Es una enfermedad crónica, que cursa con períodos de exacerbación y períodos de mejoría.  El tratamiento es difícil, por un lado se recomienda al paciente que evite aquellos estímulos que induzcan vasodilatación como el sol, los cambios bruscos de temperatura, situaciones de stress,  bebidas calientes y comidas picantes, aunque también existen causas que actúan empeorando el cuadro como la menopausia, las fuentes de calor, el ejercicio intenso, bebidas muy calientes y el alcohol.  Los esquemas terapéuticos están determinados por el estadio y la severidad de la enfermedad. El tratamiento farmacológico incluye tópicos (con cremas y lociones) teniendo en cuenta que nunca debe utilizarse cremas con corticoides para el tratamiento porque como ya sabemos, esta es una enfermedad crónica y el uso de estas cremas sobre la piel de la cara pueden traer a la larga empeoramiento del cuadro cutáneo pero mas importante que eso es la atrofia y envejecimiento de la piel que no se recupera más. Por vía oral los tratamientos son  con antibióticos, retinoides y más recientemente utilizamos algunos antiparasitarios dado que se ha descubierto en estos últimos tiempos la participación de un pequeño ácaro que vive normalmente en los folículos de nuestra piel (llamado demodex folliculorum) que participa en el origen  de esta enfermedad y que dando el  tratamiento adecuado y sin ningún tipo de peligro, mejoran en gran forma la rosácea, a tal punto que en países desarrollados como España ya se comercializa este medicamento en forma tópica con gran éxito, siendo un medicamento prometedor con su llegada al país. A nivel local también tenemos la  brominidina  que no es utilizada como tratamiento para la rosácea en si , sino que es muy efectiva en  disminuir el enrojecimiento que provoca la enfermedad, pero esta debe ser recetado por el dermatólogo quien conoce y puede explicar al paciente como debe utilizarla.  Otros tratamientos como láseres, y  técnicas quirúrgicas para rinofimas producidos por la enfermedad son utilizados. Por lo tanto,  de acuerdo a cada cuadro clínico será el tipo de tratamiento que recibirá el paciente, quien deberá entender que esta enfermedad sabemos cuando empieza pero no cuando termina, por lo tanto, cada brote que tenga el paciente deberá ser controlado nuevamente.

La piel de los pacientes con rosácea es extremadamente sensible, por  ende deben evitar la aplicación de productos agresivos con alcohol, acetona o astringentes, determinados jabones o sustancias abrasivas. Se recomienda el uso diario de fotoprotectores de amplio espectro. Debemos recordar que la rosácea es una afección inofensiva, pero puede llevar a que usted sienta timidez o vergüenza. No se puede curar, pero se puede controlar, por ello, para tener éxito en la terapéutica se requiere una cuidadosa evaluación por parte del dermatólogo quien es el único que conoce esta enfermedad y sabrá dar  un tratamiento individualizado con variaciones y modificaciones adecuadas a las fluctuaciones de la enfermedad.
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